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Sociedad
Historia de un monumento
La idea. En 1992, cuando se invertían recursos millonarios para un faro a Cristóbal Colón, en Licey al Medio, Santiago, germinó la idea de levantar un monumento, pero para los vivos.
Por Edith Febles / El Caribe
Domingo 12 de diciembre del 2004 actualizado a las 1:08 AM
 

HERRAMIENTAS

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“El 12 de octubre de 1992, inauguraron en Santo Domingo el Faro a Colón que ilumina el cielo. Dos días antes, en la eucaristía parroquial de la tarde, pusimos la primera piedra en Licey al Medio del Monumento Viviente, un faro que ilumina el suelo”.

Con estas palabras explica el sacerdote Darío Taveras el nacimiento de una obra que estableció una escuela, una guardería, un hospital oftalmológico, una biblioteca, un hospicio a domicilio y que  sigue creciendo como testimonio de la capacidad de una comunidad cuando unifica sus esfuerzos. 

“Al comenzar pensamos en cinco proyectos, uno por siglo (1492-1992), luego incluimos un sexto proyecto, como penitencia por los pecados de omisión, por lo que debimos hacer y no hicimos”, dijo.

La fundación Monumento Viviente tuvo, desde el principio, la perspectiva de integrar 500 miembros. El sueño comenzó con seis personas.

En la actualidad son 522 los hombres y mujeres que, discretamente, aportan cada mes, cada año, los recursos y esfuerzos necesarios para edificar y sostener cada una de las iniciativas.

Además de los miembros de la fundación, el proyecto cuenta con la colaboración de varias congregaciones religiosas. Ha estado bajo el calor de los Misioneros del Sagrado Corazón, a cuya congregación pertenece Taveras, su principal impulsor y actual presidente.

También contó con la colaboración de las Carmelitas del Monte Carmelo, las Teresianas y de las hermanas del Perpetuo Socorro. Hay otras organizaciones de la comunidad e incluso autoridades municipales y provinciales que han puesto su granito de arena.

La guardería ya cuida de 250 niños y niñas con un horario que alcanza hasta las cinco de la tarde y opera con un personal de 18 integrantes. La escuela, con 330 alumnos, tiene en la actualidad 13 maestros.

El hospital, al que llega gente de distintos puntos de la zona -y a veces- hasta de otras regiones, cuenta con la labor desinteresada de un grupo de reconocidos médicos que reservan parte de su tiempo libre para devolverle o prolongarle la luz a pacientes pobres.

Sólo en octubre, el Hospital de Ojos ofreció 546 consultas y realizó 39 cirugías. Las voluntarias del Hospicio, de su lado, visitaron a 46 ancianos. En otro terreno, la fundación levanta un nuevo edificio que albergará, para su cuidado permanente, a unos 20 ancianos y ancianas.

La edificación amplia contrasta con lo modesto del presupuesto de construcción. Cada peso encuentra justificación aquí.

En 12 años el costo de la inversión ha sido de casi 27 millones de pesos. La fórmula de aprovechar los recursos, sin dispendios ni gastos innecesarios, explica  por qué el hospital se levantara sólo con 1.5 millones de pesos.

Además que la guardería, con sus aulas, su salón y áreas comunes, se erigiese con poco más de dos millones y que la Ermita, bendecida el pasado martes, sólo costara un millón trescientos mil pesos. Allí los niños encuentran desayuno, merienda y comida.

Pero lo importante aquí no está vinculado al costo porque no hay precio cuando se trata de la vida. Y es a ella, a la vida, a la que honra este Monumento. 

¿Quiere sumarse a la obra?

Mantener todos los servicios tiene un costo. Según el sacerdote Darío Taveras, una de las grandes riquezas es que ha logrado mancomunar los esfuerzos de mucha gente. Los que deseen colaborar  pueden llamar a los teléfonos 580-7210 y     580-7614.

Reconocen el esfuerzo

De la Rosa y  C.
"Este maravilloso proyecto sigue creciendo”

“Ésta obra es una muestra de lo que una persona, como el Padre Darío, puede hacer por su comunidad. Él se ha ido, pero volvió a su pueblo, e impulsó este maravilloso proyecto que sigue creciendo. Si todos hacemos algo bueno por el sitio donde nacimos podríamos tener siempre un mejor país”.

David Polanco
"Llamo a todos los de la comunidad a colaborar”.

“Nosotros los papás no tenemos dinero para pagar la atención que brindan aquí en este centro a nuestros hijos. El precio que nos cobran sus propiciadores es irrisorio. Tendría que pagar muchísimo dinero para llevar a mis hijos a otra escuela. Desde pequeños los niños están aquí y llamo a todas la personas  de la comunidad que colaboremos con este proyecto”.

 
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